2014: BULNES INTERVENIDO

Último viernes de septiembre: 26. El equipo estaba ansioso, no había certeza de cuántas personas llegarían a este segundo llamado. Varias tardes y noches previos a la intervención habían emergido por la ciudad los afiches serigrafiados -realizados con el apoyo del colectivo Serigrafía Instantánea– que convocaban a este encuentro con la pregunta “¿Haz visto las huellas de bala que están en el Paseo Bulnes?”. Había dudas respecto a que si esa pregunta repercutiría en alguien, si sería lo suficientemente intrigante para venir a esta convocatoria.

Siete de la tarde. El frío aún no daba paso al tenue calor de la primavera. El sol de todas formas permanecía un poco más colgado en el horizonte ofreciendo los tonos anaranjados, potenciados por la contaminación que lo torna rojizo. El Paseo Bulnes, el corazón del centro cívico de Santiago de Chile, al igual que cada día hábil, estaba cruzado por idas y vueltas de trabajadores que terminaban la jornada, de niños que salían de los estudios.

En medio de ese flujo de gente comenzaron a sumarse quienes venían a buscar punteros láser. Esta vez comenzamos con cerca de cien personas. En la esquina colindante con Vidaurre fue que se inició la jornada con una lectura en coro de tres mujeres:

Voz  1: Murió Allende.
Voz 2: Allende no murió.
Narrador: Pasan muy lentas las horas que siguen, en una calma extraña que nadie entiende. La población de Santiago no sabe lo que ha ocurrido. Los vecinos se llaman por teléfono. Una espesa red de voces amarra la ciudad. Se dan nombres de líderes que han muerto, de otros que aún resisten, se habla de actos de heroísmo y matanzas colectivas, luchas internas entre las fuerzas armadas, militares, aviadores y carabineros caídos defendiendo al gobierno de la unidad popular.
Voz 1: Altamirano está vivo, malherido en el hospital militar. Lo han operado 2 veces.
Voz 2: La Mireya Baltra atacó a un camión de milicos y murió disparando.
Voz 1: No, está en una embajada.
Voz 2: Pero si la vieron los periodistas. La que murió fue Gladys Marín.
Voz 1: En el ataque a Tomás Moro hirieron de gravedad a la Tencha.
Voz 2: Acaban de anunciar que Prats avanza desde el sur al mando de tropas leales a la UP.
Narradora: Rumores, rumores, rumores. Las gentes mueren y resucitan, resucitan y mueren… nadie sabe nada. En los patios destruidos, en la fuente de piedra, seca, llena de humo, entre los naranjos quemados, se ha quedado Allende, solo.        (Relata Fernando Alegría.)

Todxs recorrieron el paseo. Como un vía crucis pagano, las paradas iban relatando extractos que permitían contextualizar un poco el ambiente del día del golpe de estado a los asistentes.

“A las 8 pude advertir que pasaban vehículos y camiones militares, jeeps con cañones sin retroceso…Salimos en tres camiones marca pegaso y varios jeeps Land Rover…quienes no usaban el cuello naranja eran gobernistas…el grupo estaba compuesto por dos secciones, haciendo un total de 130 conscriptos…seguimos por calle 18 hasta Alameda. A las 10 el teniente Jorge Herrera López, apodado “el perro” comenzó a disparar con el fusil SIG a los civiles y algunos fueron cayendo al suelo…luego a todos los conscriptos nos hacen subir a los camiones y nos trasladan a la Plaza Bulnes. En la calle Alonso de Ovalle – entre Bulnes y Nataniel- había una blindado. Al mismo tiempo los residentes de los edificios comenzaron a tirarnos maceteros…por lo que varios soldados les dispararon…”     (Manuel Carrillo Vallejos, conscripto del servicio militar obligatorio de Tacna.)  

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